
Es una lastima que una cinta tan interesante como “Persépolis” llegue sólo a una sala de nuestra capital y que esta sala esté en el Alto Las Condes, espacio de difícil acceso para la mayoría de los santiaguinos. La película nominada a los Oscars y ganadora de los premios Cesar – máximos galardones del cine francés- a la mejor adaptación y mejor ópera prima, además del premio del jurado en el Festival de Cannes, entre otras muchas distinciones, es digna de ver por varias razones.
“Persépolis” es originalmente el nombre de un centro ceremonial del antiguo Imperio Persa al noreste de Shiraz en Irán. Actualmente un sitio arqueológico, en donde turistas e iraníes pueden tener la posibilidad de encontrarse con el pasado. La película “Persépolis” podría cumplir con una función similar. Es una posibilidad de reconocimiento para quienes han vivido la historia contemporánea de Irán y un descubrimiento para nosotros, los turistas.
Esta película de animación esta basada en una novela gráfica del mismo nombre, que es a la vez una autobiografía. Su creadora, Marjane Satrapi es una mujer iraní que vivió su infancia bajo el régimen del Shah que fue destronado por la revolución islámica de 1979. Bajo las estrictas reglas de este nuevo gobierno Marjane vivió su adolescencia hasta que sus padres –que la habían criado con una mente idealista y con valores progresistas- deciden enviarla a Viena antes de Marjane, ya una joven independiente, se involucre en conflictos serios a causa de defender sus ideales.
Los jóvenes años de Marjane en Viena, su retorno a Irán, su búsqueda de identidad al transformarse en una adulta que no se reconoce ni en su país ni el extranjero, son todos elementos que forman parte de esta narración. Elementos que están presentados al mismo tiempo con humor, dulzura y brutalidad en los hermosos dibujos realizados por Vincent Paronnaud y la misma Marjane Satrapi.
Quizás uno de los puntos más atractivos de este filme sea exactamente esa auto referencia, esa no distancia, esa capacidad de Satrapi de hablar desde si misma, de su mundo, de sus experiencias. “Persépolis” se detiene en algunos de los episodios más terribles de la historia iraní de los últimos treinta años, pero lo hace sin dictar cátedra. Son los mismos personajes los que relatan estos difíciles momentos y es en ellos en que podemos ver las consecuencias humanas de estos regímenes políticos.
La crítica social y política no se presenta como una proclama partidista, sino que viene desde el relatar la experiencia personal. Esto hace que el discurso de “Persépolis” sea mucho más impactante y efectivo. Nos hace pensar en el dolor y las dificultades de la gente iraní, nos hace identificarnos y reconocer que, en nuestras diferencias, la violencia y los prejuicios nos duelen por igual.